En las últimas semanas, la ministra de Educación y portavoz del Gobierno, Pilar Alegría, ha pasado de figurar entre los rostros más reconocibles del “sanchismo” a transformarse igualmente en objeto de críticas y recelos políticos. La gestión del caso Salazar, las denuncias sobre un presunto intento de soborno atribuido a un miembro de su partido en sede judicial, la interpretación distorsionada de una resolución judicial relativa a Begoña Gómez y ciertas decisiones polémicas dentro de Educación han situado su nombre en el centro del debate público.
El almuerzo con Paco Salazar en medio de la crisis por acusaciones de acoso sexual
El episodio más reciente y notorio corresponde a la comida que Pilar Alegría sostuvo con Francisco “Paco” Salazar, antiguo alto cargo del PSOE y exasesor de Moncloa, en un momento en que ya circulaban denuncias internas por acoso sexual contra él y había sido retirado de sus responsabilidades.
La fotografía donde ambos aparecen sentados y conversando animadamente en un restaurante de Madrid se propagó por la prensa y las redes, provocando un intenso revuelo tanto dentro como fuera: mientras el partido intentaba frenar la crisis derivada del trato a las víctimas, la portavoz se mostraba en público junto al dirigente cuestionado.
Ante la presión, Alegría terminó admitiendo que aquella comida fue un “error” que “no se tendría que haber producido”, alegando que acudió por la relación personal de años con Salazar y porque todavía no conocía en detalle los testimonios que después publicarían los medios.
Posteriormente, la ministra calificó de “vomitivas” las conductas atribuidas a Salazar y subrayó su solidaridad con las mujeres que le acusan, insistiendo en que el foco debe estar en las víctimas y no en el coste político para el PSOE.
Críticos tanto del partido como ajenos a él sostienen, no obstante, que el gesto culinario evidencia un trato desigual y un intento tardío de corregir el rumbo, especialmente cuando el PSOE ha sido cuestionado por haber demorado durante meses un contacto real y oportuno con las víctimas del caso Salazar.
La conducción pública del “caso Salazar” en su papel de portavoz
Más allá de la foto, Alegría está en el centro del relato oficial sobre cómo Moncloa y el PSOE han gestionado el escándalo. En varias comparecencias, la portavoz ha defendido que el Gobierno actuó con “rapidez y contundencia” en cuanto tuvo conocimiento formal de las acusaciones, resaltando el cese de Salazar y de su colaborador Antonio Hernández, acusado de encubrimiento.
Sin embargo, informaciones posteriores han mostrado que las denuncias llevaban meses registradas en el canal interno del PSOE sin que las víctimas fueran contactadas, y que el partido estaba elaborando el informe interno sobre el caso justo cuando estalló la polémica en los medios.
Diversos programas de análisis político han puesto de relieve discrepancias entre la versión oficial y la secuencia real de los acontecimientos, resaltando que en aquel periodo Salazar aún habría mantenido una influencia velada y que Alegría consiguió entrevistarse con él mientras el partido aseguraba no poder hallarlo.
En este sentido, el llamado “escándalo” adquiere un matiz menos penal y más político y comunicativo: se cuestiona a la portavoz por sostener un relato de responsabilidad y rigor que, según los datos disponibles, se percibe como parcial o excesivamente indulgente con su propio partido.
La supuesta entrega de un soborno de 60.000 euros: un asunto aún en controversia
Otro de los frentes más delicados es la acusación de soborno lanzada por el exdirigente socialista José Luis Ansón, quien declaró ante un juez que Pilar Alegría le habría ofrecido 60.000 euros (y en algunas versiones, incluso un puesto público) a cambio de retirar una denuncia contra el actual ministro Félix Bolaños.
Esta versión se ha propagado por diversos medios y espacios de opinión, donde la exhiben como muestra de una presunta maniobra interna destinada a manejar discretamente silencios incómodos para el partido.
La tergiversación del auto sobre Begoña Gómez
En octubre de 2024, Alegría protagonizó otra polémica como portavoz al comentar la decisión de la Audiencia Provincial de Madrid en el proceso contra Begoña Gómez, esposa del presidente. En rueda de prensa, la ministra afirmó que el tribunal venía a decir que la investigación era “prospectiva, genérica e imprecisa”, sugiriendo que el auto desautorizaba al juez investigador.
El País señaló de forma directa que el Gobierno había “distorsionado” el dictamen de la Audiencia, colocando a Alegría en el foco de una controversia por desinformación o, en el mejor de los casos, por un exceso de celo propagandístico en defensa de la esposa del presidente.
Polémicas de gestión en Educación y otros debates
Como ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Alegría ha recibido críticas por diversas decisiones en materia educativa: El proyecto de la nueva EBAU (Selectividad) contemplaba inicialmente una cuestionada “prueba de madurez” que generó rechazo entre comunidades autónomas y especialistas. Al final, el Ministerio optó por retirar dicho examen, ampliar la duración de las pruebas e incorporar una tercera corrección, un giro que muchos interpretaron como una rectificación política ante la presión del sector.
En otros ámbitos, también ha asumido la responsabilidad de justificar decisiones controvertidas del Ejecutivo, como el rescate de la aerolínea Plus Ultra, un caso judicializado y empleado por la oposición como supuesto ejemplo de un posible trato preferencial.
Su salida del Ejecutivo para centrarse en las elecciones en Aragón llega, precisamente, cuando estas controversias están más calientes que nunca, y plantea una incógnita: ¿se trata de un relevo político normal o de un intento de desactivar uno de los focos de desgaste que más dañan hoy la imagen pública del entorno de Pedro Sánchez?