Frente a estos martes en el Parlamento Europeo los llamaron supermartes. El”audiencia del comisionado designado Teresa Ribera”, informan los carteles distribuidos desde los pasillos del edificio de Bruselas, con una foto del aspirante con la querida de quien no mejor plan es ocupar el cargo al que se presenta: la vicepresidenta ejecutiva para una Transición Limpia, Justa y Competitiva y Comisaria de Competencia e Transición Verde. Para ver de qué se trata el calendario de visitas.
Antes de su discurso, que duró tres horas y en el que alternó inglés y discurso, nos habían advertido que el ambiente era inseguro, que la polarización y el ruido, que es lo que Bruselas parecía estar vacunada, ya no lo es. Que el resultado de las elecciones europeas celebradas en junio de 2024 ha dado lugar a un Parlamento fragmentado, mucho más complejo. Aquí también son importantes la estrategia, los acuerdos y los intereses, como en todo reality show lo que es precioso.
“Aquí estoy más preocupado por [Donald] Trump que por [Carlos] Mazón”, nos cuenta el equipo del Parlamento Europeo. «¿Cuántas preguntas tenían para Dana y cuántas preguntas para Trump, el coche eléctrico de China?», añade. En definitiva, más Google que la Confederación Hidrográfica del Júcar. Y pueden estar seguros de que lo que está pasando en la capital europea tiene otra relación, que hay preocupación por la descarbonización, la resiliencia hidráulica, un pacto industrial europeo y el objetivo de cero emisiones netas para 2050. Pero al otro lado del océano, ¿quién ha ganado las elecciones grita “taladra, baby, taladra” (taladra, baby, taladra) y tiene poco interés en saber si el vídeo sale o no en una bolsa de color amarillo.
Al final de la tarde, en la puerta del restaurante Ginette, donde en una de sus mesas acudió Rocío Monasterio, alguien del equipo de comunicación de Alberto Núñez Feijóo dijo que con (este) Ribera núm. Que no podemos permitir que el Gobierno de Ursula von der Leyen incluya a una persona cuya gestión «puede tener implicaciones criminales en la gestión de datos».
Y en medio de cierto caos y mucha confusión, algunos de los periodistas que viajaron desde Madrid se preguntaron qué habrían venido a Bruselas si las cosas fueran iguales que en la carretera de San Jerónimo. Hasta que, en una de las salas de reuniones del Parlamento -todo minimalista, paredes, cristales enormes, alfombra con infinitas posibilidades de árboles, agua insostenible- otro miembro del equipo del Parlamento Europeo se convirtió al Enalapril, un medicamento recetado para bajar la tensión arterial. “Me ausentaba mucho cuando no pasaba. Tendría una pequeña imagen de Europa, lidiando con un Trump que aún no ha dejado su carga, pero hay números”, dijo.
Y todo parecía un supertarde de un supermercado hasta que aparecieron, rodeados de sus equipos, la popular Dolors Montserrat, el socialista Javier López y el eurodiputado por Vox Jorge Buxadé, a contar los motivos de su apoyo o su bloqueo. Un motivo para esperar que estos tres símbolos compartan el oxígeno de una misma casa. El tono dio origen a algo institucional, solemne, pero la enseñanza vio las consecuencias de lo que pasó después. A Dolors Montserrat que la profesora dijo claramente que el orden de intervenciones en la reunión es «de más a menos» [representación parlamentaria]como el audiencia”, diciendo claramente que la candidata propone lo que más le gusta y parece menos probable que lo acepte. Él sacó de suelta el nombre el presidente de la Comisión Europea ya la llamó «Úrsula». Fenomenal. De Ribera dice tener una trayectoria que incluye «la criminalización del sector primario», y una visión de todo lo relacionado con el «sectarismo ideológico». Un tono que se expresó tras su discurso, aunque esta vez con gafas.
Javier López, con cierto gesto de hartazgo, comparó el enfrentamiento con “una partida de ping-pong” y con “factor x” y visualmente con un “examen”. Así pues, en Bruselas el idioma es cosa de tecnócratas. Y acudió a Buxadé, que tenía muchas ganas de hablar porque tenía claro que el objetivo de sus compañeros –y, por tanto, de sus partidos– era “quedar bien”; Cuando él y su formación lo tienen muy claro, a partir de ahora, no a Ribera. De hecho, considero que dar su voto a Ribera se convierte en «cómplice del gobierno criminal». Este tono también se tradujo en la comparación. Muchas risas cuando dije que el color estaba a la altura de todo esto, y que el rechazo al ruido de estos martes por parte de los socialistas y populares es “Esta noche, pero mañana ya veremos”.
Fue un enfrentamiento sobre lo que Ribera pedía a la gente en voz muy alta, donde los presidentes de las comisiones mandaban llamadas y pedían respeto cuando tocaba, donde tenía ataques en la cancha, si mandaban mensajes negacionistas con el cambio climático y el nombre de José. Luis Ábalos. Hasta Bruselas trajo el color a Madrid. Veremos.
